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Sobre ritmos

Esta ha sido una semana extraña.

No he podido hacer todo lo que me habría gustado hacer por diferentes circunstancias.

Por un lado el rumorcillo que sigo notando en mi tendón de Aquiles derecho, que no duele pero mosquea, por otro lado el tiempo de mierda que hemos tenido aquí esta semana (y que finalmente parece que se va arreglando) y sobre todo porque he tenido unos días a mi madre de visita… y eso sí que es un entreno duro :-)

A mi madre, no podía ser de otra manera, la quiero con locura y de una manera incondicional, cómo no, pero es imposible seguirle el ritmo… está hecha de otra pasta.

Tres anécdotas a vuelapluma, tres perlas de Mamá Encarna, para que os hagais una idea del “rabo de lagartija” que tengo por madre:

  • Quedo con ella y con su amiga Pilar (vinieron las dos juntas a pasar estos días) en la plaza del ayuntamiento de Basel a las 6 y cuarto de la tarde (hora punta aquí, por aquello de que mucha  gente ha salido hace poco de trabajar y hace compras, o se toma una caña… en fin, la plaza petadita de gente), y la plaza estaba a reventar de gente, pero aun así no se oia ni una sóla voz. Había de fondo un rumor nada estridente que permitía apreciar las campanas de los tranvías que paraban delante del ayuntamiento. En eso que llego yo con mi bici, me paro, me quito el casco y en el primer golpe de vista no adivino a verla. Pero tan pronto como empiezo a buscarla de repente oigo un “Juaaaaaaansiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii… Juaaaaaaaaaaaaaansitoooooooooooooooooooo… ¿llevas mucho tiempo esperandoooooooooooo?”. Mi Madre había llegado a la plaza y desde una distancia de unos 40 metros estaba anunciándome su llegada. Con un gesto suave y lleno de cariño intenté indicarle con la mano que bajara la voz pero… ¿sirvió de algo? :-) Hasta que mi madre no se aseguró de que la había visto, que le había oído y que por lo tanto le respondía no dejo de hablar conmigo a voz en grito en medio de la plaza. Y ¿es que acaso a ella le importaba lo que la gente pensara al oírle gritar? Para nada. ¡La espontaneidad al poder! Yo no pude hacer más que sonreír. Mi Madre había llegado a Basilea y ya lo sabía la mitad de la ciudad :-)
  • Al llegar a mi altura, ya a mi lado, me preguntó “Juansito, hijo ¿tienes hambre?” a lo que yo respondí con un  no (y es que no tenía hambre, y además íbamos directamente a cenar desde allí… horas centroeuropeas, ya se sabe), pero ella ya venía con la idea en mente de darme un trozo de pan que había comprado con algo de queso appenzeller (joder, que bueno está este queso) y ¿es que sirvió de algo que le dijera que no? En menos que canta un gallo ya había sacado el trozo de pan y el queso y me los había metido virtualmente en la boca. Me lo comí sin hambre pero con una sonrisa en la cara.
  • La propina de la cena. Después de darnos un homenaje en el Lily´s (comida asiática a tout-i-plein… rica rica rica), y tras pedir la cuenta fui a dejar una propina a la camarera que nos había atendido muy bien y en cuanto mi Madre vio que sacaba algo de calderilla para dejarla de propina, me inquirió rapidamente “Pero ¿es que vas a dejar propina?” a lo que yo respondí afirmativamente rematando mi “Sí” con un lógico “¿Por?” respondido rápidamente por mi madre con un rotundo “No dejes propina Juansi”, a lo que Henna (que por supuesto estaba cenando con nosotros) entró en acción preguntándole a mi Madre “¿Y por qué no debemos dejar propina?”. Respuesta de mi Madre “Dejar propina es una vulgaridad” :-) Hay que decir que esto lo dijo con cara de pilla y cierta picardía… digamos que fue una escapada hacia adelante, pero ¿quien negaría que no se trata de una respuesta genial?. Por cierto, soy vulgar, y dejé propina :-)

Estas son tres perlas de los 3 días que ha estado mi Madre por aquí.

Muestra del ritmo vital que lleva dentro de ese cuerpecillo menudo, de la energía que derrocha por los cuatro costados, del gracejo, de la chispa que tiene.

Difícil de seguir, he de decirlo, pero única, y que sea por mucho tiempo.

Otra de ritmos.

Esta doble.

Hoy salida con la bici.

Se antojaba el día raro por la de lluvia que hemos tenido últimamente, pero la meteorología nos ha respetado y al final hemos salido.

Cambio de horario esta noche y yo ya estaba de pie a las 5 de la mañana… joder y yo pensaba que era al revés que uno con este cambio horario se levanta más tarde… pues no, al menos este año.

La salida ha estado bien.

Muy bien.

He tenido sensaciones bestiales… o eso o mis compañeros está medio muertos.

Era bajarme al manillar y acoplarme y los dejaba atrás sin apretar las tuercas apenas.

En una de los relevos que he dado yo han empezado a bromear diciéndome que esperan que haga 4 horas y media en Zürich… cachondos los tíos.

Lo cierto es que la adaptación al nuevo manillar (pondré fotos pronto) está siendo más fácil de lo que me esperaba y cuando voy agachadito tengo una sensación de velocidad brutal.

Al final nos han salido 95 en 3 horas, y eso que los únicos que hemos dado algo de alegría en los relevos hemos sido Morten y yo… el resto iba de paseo dominical.

Creo que podríamos haber hecho los 95 km en bastante menos si todos hubiésemos dado algo más, pero bueno, no está mal, nada mal lo que hemos hecho.

Por cierto, parece que la primavera ya va a llegar a esta zona del mundo la semana que viene… o al menos eso dice la previsión meteorológica.

Eso, y que los días son más largos supondrán más salidas en bici… !que ya tocaba y falta hacía!

Mañana, pesas y piscina, y el martes o el miércoles a volver a correr.

Ya queda menos para Arenales 113 y sus escalones :-)

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