Disfruto en estos momentos de una sabrosa y relajante copa de Rioja, sentado en mi sillón favorito, mientras intento refrescar en mi memoria las intensas sensaciones que viví el día de mi “estreno oficial” en el mundo del triathlón.
Queda ya lejos (hace más de 8 meses) el día en que Henna (te quiero guapísima) me animó a que diera un paso adelante y dejara el “Me gustaría hacer…” por el “Voy a hacer…”.
Y así lo hice.
De entrada me apunté al medio IM de Wiesbaden que se celebrará el 10 de Agosto próximo.
Pero decidí que como test debía hacer algo antes y después de buscar y más buscar pues me apunté a Triathlón Olímpico de Zürich.
Con un par.
Así que después de muchas horas de entrenamiento llegó el gran día.
Salí a las 5:00 de la mañana de Basel de camino a Zürich. No quería llegar tarde y además aun tenía que recoger el dorsal y hacer el check-in de la bici.
Llegué a Zürich sobre las 6:30 (después de haberme perdido “un poquito” en Zürich), aparqué el coche y para la zona de salida que me fui.
Al llegar al “tinglado” que tenían montado en la zona de salida sentí por primera vez una sensación de estar fuera de lugar que se repetiría varias veces hasta la salida de la carrera.
Mucha gente ya a las 7 de la mañana me hacía ver que no me había apuntado a una carrera de barrio… y eso, no lo puedo negar, me acojonaba.
Ya con el dorsal (el 591) en mi poder y la bolsita de la organización me fui a dejar mi montura en el parque cerrado.
Dejé la bicicleta en mi box y empezó a llover.
No eran aun las 8 de la mañana y la salida de mi grupo de edad no era hasta las 10, así que no sabía que hacer.
Estaba de pie con el chubasquero y la capucha bien puesta, en medio de la zona de boxes con gente entrando y saliendo, de pie, inmóvil, mirando lo que la gente hacia y deshacía, donde ponían las cosas, observando como se movían y donde ponían sus cosas… joder, es que no tenía ni puta idea de lo que tenía que hacer ni cómo hacerlo así que decidí hacer un poco de “espionaje industrial”.
Dos cosas ocurrieron mientras estuve ahi de pie en medio de todo el mundo:
- El nivel de acojono subió en esos momentos a sus niveles máximos y empecé a pensar el típico “¿Pero qué coño hago yo aquí?¡Madre de Dios Hermoso!¿Dónde me he metido?”.
- Y mientras estaba en plan místico reflexionando sobre mi futuro más próximo, es decir, donde, cuando y cuanto la iba a cagar durante las próximas horas, se me acercó una persona preguntándome algo en alemán pensando que yo era de la organización… claro, como llevaba como 25 minutos quieto en el mismo sitio debió pensar (bien pensar) que o era de la organización o era un colgao… buena gente, pensó lo primero
La intervención de esta amable persona (sí amable porque me despertó a la realidad desinteresadamente) me reactivó y desde ese momento me sentí como inspirado por la Divina Providencia… y el hecho de que donde había dejado la bicicleta ya hubiese más gente en la que fijarme disimuladamente también ayudó.
Bueno, al ser muy pronto, me dí una vuelta para reconocer el terreno.
Fui a la zona de salida de la natación, controlé en los tablones informativos los circuitos y cuantas vueltas había que dar a cada uno, bebí mucha agua, comí algo y me tomé un café… vamos que me relajé… ya tocaba.
Y llegó la hora.
9:30
Al box a ponerme el neopreno. Aunque suene a churro, el momento en que me puse el neopreno fue cuando pensé “Hoy a pesar de el día de mierda que hace creo que me lo voy a pasar bien”
Con el neopreno ya puesto hice el paseillo (como los grandes toreros) hasta la linea de salida que ya se estaba empezando a llenar de gente.
Y aquí empezó la diversión. ¿Por qué? A pesar de tener mi neopreno desde hacía unas 3 semanas aun no lo había probado en el agua
Me viene como un guante y sabía que iba a nadar bien con él pero a pesar de saber que dan flotabilidad al meterme en el agua no pude evitar reírme como un niño pequeño cuando comprobé como flotaba… ¡¡¡si parecía que llevaba un flotador!!!
Perfecto, sabía la natación no iba a ser muy difícil siempre y cuando encontrara mi sitio y no me llevara muchas hostias en la salida y en los primeros giros de boya.

Así que de entrada en la salida decidí dejar que los “ansias” salieran por delante de mi y me puse discretamente detrás de todo el grupo.
Salida y al agua (se estaba mejor dentro del agua que fuera de ella) con muuuuuuuucho cuidadito.
Primeras brazadas prestando más atención a mi alrededor que al estilo y así fue hasta que pasamos la segunda boya, ya que a partir de ahí era casi todo el nado en linea recta y se suponía que no habría más aglomeraciones.
Una vez que sentí que no había mucha peña a mi alrededor me puse a nadar en serio y me surgió la primera sensación extraña: nunca había nadado con neopreno y notaba cierto agobio al intentar tomar aire y llenar los pulmones.
Menos mal que fui gestionándolo con paciencia y finalmente no fue nada. Vamos, que se me pasó.
De lo que me dí cuenta es que es jodido nadar en linea recta sin tener una referencia en el fondo como en las piscinas, ya que cada vez que levantaba la cabeza para ver por donde iba me daba cuenta de que me había desviado de la trayectoria óptima así que decidí buscar “un guía”.
Y así lo hice y la verdad es que funcionó. Me puse a la vera de alguien que llevaba un ritmo parecido al mio (un pelín más lento todo sea dicho) y así hasta el final. Bueno, caso porque en cuanto vi que quedaba solo una boya por pasar para llegar ya puse la directa y pegué un estirón ya haciendo uso de la patada a fondo para ir calentando las piernas de cara a la bicicleta.
Sensación genial al salir del agua. Gente de la organización ayudando a salir y mucho público aplaudiendo y animando. Subidón total.
Los 150 metros que habían desde la salida del agua hasta el box donde tenía la (mojada) bici los hice riendo de lo bien que me lo estaba pasando.
Y en esta primera transición fue dónde se me notó lo novato que soy: tardé casi 8 minutos en prepararme cuando el resto de la gente lo hacía en unos 2 minutos
Salí del agua en número 78 de más de 350 participantes en mi categoría… de los boxes ya montado en mi bicicleta salí el 249
Es que me da la risa
Bueno, estas son las cosas que vine a aprender aquí
¿no?
Y ¡ala! ¡a dar pedales!
La primera vuelta (de tres que había que dar al circuito de bicicleta que podéis ver abajo) la di con mucha prudencia.
Prudencia porque no tenía ni idea de cómo era el circuito (sólo lo había visto en un mapa) y encima estaba lloviendo.
O sea que ni me quería quemar antes de tiempo ni tampoco quería caerme (ni antes de tiempo ni después de tiempo).
Sobre el papel el circuito parecía todo más o menos llano (o sea rápido y favorable para mi) menos un punto que en el mapa había etiquetado como “Heartbreak Hill” o sea algo así como la colina revienta-corazones o rompe-piernas… y claro, ese nombre acojona lo suyo.
Bueno, un par de rectas largas con buena cadencia y bien acoplado, que me ayudaron a entrar en calor y poner las piernas en funcionamiento.
En esta primera vuelta no apreté lo más mínimo porque no tenía ni idea de lo que la colina revienta-piernas-corazones me iba a exigir, pero una vez llegado allí (lo siento, no puedo evitarlo, suena a fanfarrón pero es lo que hay) la verdad es que me desilusionó un poco.
Sí, fácil de subir no era, pero tampoco era para tanto. Una subida y ya está… pero llamarla de esa manera me había hecho esperar un muro al 20% y ni mucho menos era eso…
Bueno, y todo lo que sube baja. Y si añadimos a lo mal que bajo con la bicicleta de carretera el que estuviera el firme bien empapado pues ya podéis imaginaros como hice la primera bajada sin conocer lo que tenía por delante… frenos por aquí y frenos por allá y mientras tanto hubo un nutrido grupo de colgados que me levantaron hasta las pegatinas de las suelas de las zapatillas.
Hice bien en bajar con mucho cuidado y que en tres de las curvas había tapaderas de alcantarilla que no os podéis ni imaginar lo que resbalan cuando están mojadas…
Bajada acabada y de nuevo vuelta a mi territorio, ahí donde mi menudo cuerpo me ayuda a rodar como un camión.
Cogí ritmo de nuevo y fui adelantando gente.
La lluvia mientras tanto seguía… lo cierto es que no paró en toda la carrera.
Encarando la segunda subida a la colina rompe-piernas me emparejé con un chico que llevaba un ritmo muy parecido al mio y le pregunté (para asegurarme) que cuantas vueltas había que dar al circuito. Un tio muy majo, Daniel se llamaba. Suizo. Cuando se enteró que yo era de Alicante le dió alegría porque sus padres viven en Moraira (que está en Alicante, para aquellos que no lo sepan) desde hacía más de 10 años… qué casualidad ¿no?
La segunda subida fue más relajada (mentalmente) porque ya sabía lo que había por delante pero eso me permitió meter más ritmo en la parte final, la más larga pero con una pendiente más adecuada a mis características (por cierto, dejé a Daniel el chaval suizo
de rueda).
Y de nuevo bajada mojada… y por supuesto acojonado. La bajé más cómodo sabiendo lo que me esperaba pero lo hice pisando huevos comparado con algunos.
Es lo que tiene ser de secano… la lluvia nos asusta
Por cierto, en la bajada el chaval suizo me la devolvió
Como se nota cuando alguien está acostumbrado a ir en bici en mojado…
Y tocaba encarar la última vuelta y aquí ya me desmelené y salvo a algunos máquinas que me llegaron a pasar la verdad es que poca gente me aguantó el ritmo.
Algunos de los que me adelantaron llevaban ruedas de perfil alto o ruedas de bastones y hay que ver la sensación que da el oírles llegar por detrás… parece que te vaya a adelantar un helicóptero o algo así
Acabamos el tercer giro sin ninguna complicación y encaramos la carrera a pie.
10 km.
Sin duda los 10 kilómetros más largos que haya hecho nunca.
Largos de tiempo y de distancia (o al menos esa impresión me dió a mi).
Empecé muy muy muy conservador porque tenía un miedo horroroso a romperme.
Aun tengo la molestia en la inserción del soleo en la pierna derecha y no las tenía todas conmigo para acabar.
La primera mitad de la carrera a pie fue lenta pero segura y a partir de ahí me despisté un poco y empecé a subir el ritmo sin darme cuenta de ello… hasta que las molestias aparecieron.
Y, no lo puedo negar, me acojoné.
Ya iniciaba el séptimo kilómetro y me surgían dudas sobre si iba a poder acabar o no, pero ver a tanta gente corriendo y otra tanta animando me hizo decidir que aunque fuera andando tenía que llegar al final.
Y así lo hice. Me costó pero lo hice.
La emoción de verte llegar a la línea de meta, que digan tu nombre y que la gente te aplauda es indescriptible.
Emociona, no lo puedo negar.
Si esto emociona así, no me puedo imaginar lo que debe ser llegar a meta después de un IM… joder, ¡¡¡debe ser la hostia!!!
Anduve por la línea de meta como si estuviera encima de una nube, y ahí, encima de la nube, continúe como 1 hora y media más, andando de un sitio para otro, con un subidón de los de campeonato.
Llamé a mi novia para decirle que había acabado de una pieza (y resulta que en ese preciso momento estaba probándose un traje de novia… mal momento para llamarla). llamé a mi madre para decirle lo emocionado que estaba por haber acabado (respuesta de mi madre “¿Que has acabado un qué? Espera que te paso con tu hermano y se lo cuentas”)… qué momento de incomprensión más absurdo.
Estaba contento y punto
El colocón de adrenalina era tal que no sentía ningún tipo de enfado, no sentía la lluvia que caia y no sentía el frio de esos momentos… ya lo sentiría el martes siguiente cuando me dió un subidón de fiebre de tres pares…
Bueno, ya podía decir que era minifinisher
Ahora a esperar al medio IM de Wiesbaden… a sobrevivir de nuevo
El día lo completé conociendo a dos de los grandes: Tante y Talín (y a la respectiva de este último, Zubi).
Además tuve la oportunidad de disfrutar durante un buen rato de la compañía de Tante, lo cual es de agradecer ya que compartí con él todo lo que me ocurrió durante mi participación en la carrera.
Tante es un pozo de sabiduría, se podría decir sin temor a equivocarnos que en este caso “más sabe el demonio por viejo que por diablo” además transmite una tranquilidad envidiable… además el tio está fuerte como un toro (se marcó menos de 12 horitas en el IM del día siguiente).
Talín es pura energía, el conocerle no solo me dio una gran alegría sino que me cargó las pilas de una manera brutal. Tiene gran experiencia en los LD y como Tante, transmite una humanidad y sencillez envidiables.
La naturalidad y humildad con las que estos dos campeones hablan de sus experiencias en los pasados IM hechos y con las que transmiten asimismo sus inquietudes respecto a lo que, en este caso, el IM de Zürich 2009 les depararía es difícil de explicar.
Uno, cuando piensa (o casi mejor dicho , pensaba) en esto de hacer un IM lo vei como un reto casi de superhombres.
Pues conocer, tratar y oír a gente como Tante y Talín y el día siguiente verlos participar junto con más de 2000 personas más en el IM me ha hecho darme cuenta de que no hay que ser un superhombre para llegar a ser finisher.
Hay que quererlo de verdad.
Desearlo.
Y querer es poder.
Y yo el próximo día 10 de agosto quiero llegar a la meta del medio IM de Wiesbaden.
¡Un saludo a todos!


Bueno, bueno que me pongo colorado con tanto elogio….el placer asido mio conocerte y poder transmitir ese virus tan saludable. Gran verdad cuentas EL QUERER ES PODER y no hace falta ser un super para ser FINISHER.
Que puta da lo de tu novia y de tu madre menos mal que tenias alguien en familia que te compre dio ahora a terminar en Alemania sera un poco mas duro pero seguro terminaras.
Disfruta de ese dia que para eso entrenas tes
Un abrazo
Gracias Tante!!!!!!!
En Alemania disfrutaré pero creo que también habrá que sufrir un poquín…
Eso sí, la botella de vino que va a caer en la cena post carrera va a ser de escandalo
Un abrazo!!!!!